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Castillos y fortalezas

DESCRIPCIÓN

El castillo de Puebla de Alcocer, también conocido como castillo de Alcocer o de los Sotomayor, se levanta en un enclave estratégico de la provincia de Badajoz, dominando el paisaje de la Siberia extremeña.

Su origen y configuración están estrechamente ligados al siglo XV y a los cambios políticos de la Castilla de Juan II. Fue en 1445 cuando el monarca concedió la villa de Puebla de Alcocer a Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara, quien impulsó rápidamente la construcción de la fortaleza por temor a Toledo, que había comprado estas tierras de Alcocer a Fernando III en 1246.

No eran infundados los temores de Don Gutierre, ya que en agosto de 1448, Luis González de León, vecino de Puebla de Alcocer, se puso en contacto con Toledo para que vinieran algunos oficiales furtivamente a tomar el castillo antes de que terminaran de construirlo.

Pero la protesta por la construcción del nuevo castillo no solo vino de Toledo, sino de la Orden de Alcántara que, al otro lado de la sierra, acusó a los Sotomayor de estar edificándolo sobre terrenos pertenecientes al Priorato de Magacela y Zalamea que requirieron la mediación del Papa Nicolás V. Éste escribió una carta apostólica al prior del Monasterio de Guadalupe comisionándolo para saber si era conveniente realizar la permuta del Castillo de Puebla de Alcocer por otros bienes.

La torre del homenaje y las demás dependencias fueron terminadas por la nuera de don Gutierre, Elvira de Zúñiga, viuda de Alonso de Sotomayor en 1467. Los datos más fiables constatan que la construcción del castillo se hizo totalmente en el siglo XV.

Gutierre de Sotomayor falleció  el día 12 de octubre de 1453. A pesar de tener voto de castidad, dejó pensión a cuarenta mujeres y reconocidos a quince hijos. Su deseo era ser enterrado en Guadalupe pero fue enterrado en la Iglesia de Puebla de Alcocer, hasta 1481 en el que sus restos, junto con los de su hijo Alonso de Sotomayor, fueron llevados al convento de San Francisco en Belalcázar.

HISTORIA

La configuración definitiva de la edificación está estrechamente ligada al siglo XV y a los cambios políticos de la Castilla de Juan II. Fue en 1445 cuando el monarca concedió la villa de Puebla de Alcocer a Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara, quien impulsó la construcción o profunda remodelación de la fortaleza como símbolo de su poder territorial.
La elección del emplazamiento no fue casual. El castillo se asienta sobre un risco abrupto que actúa como defensa natural, lo que refuerza su carácter prácticamente inexpugnable. Esta posición dominante no solo permitía controlar el territorio circundante, sino también mantener contacto visual con otras fortalezas cercanas, como la de Herrera del Duque, formando parte de una red defensiva coherente en la región. Con el paso del tiempo, la titularidad del castillo cambió de manos a través de alianzas matrimoniales y herencias. A finales del siglo XV pasó a estar bajo el control de la familia Zúñiga, en concreto de doña Elvira de Zúñiga. Este traspaso de poder quedó reflejado en la propia arquitectura del edificio, donde aún hoy pueden verse los escudos heráldicos tanto de los Zúñiga como de los Sotomayor, testimonio pétreo de las distintas etapas de dominio señorial.
En conjunto, la historia del castillo refleja las dinámicas de poder de la nobleza castellana del siglo XV: la consolidación de linajes, la importancia de las órdenes militares y el uso de la arquitectura defensiva como instrumento político y símbolo de autoridad.
Algunas dependencias del castillo se reformaron durante las guerras carlistas y sirvió como almacén de munición y como cárcel. Ya a mediados de la década de los años 90 del pasado siglo, el arquitecto Santiago Esteban Hernán Martín dirigió una nueva reforma de la fortaleza.
Con respecto a sus orígenes, hay opiniones que aseguran que se asienta sobre ruinas árabes, pero no hay ningún documento que lo atestigüe. La parte sur, dicen otras fuentes, se construyó en parte del terreno de la Orden de Alcántara, que expresó su protesta por ello. De hecho, fue necesaria la intervención del Papa, que nombró como mediador al prior del Monasterio de Guadalupe.

DESCRIPCIÓN HISTÓRICO ARTÍSTICA

Desde el punto de vista arquitectónico, el castillo presenta una planta irregular, claramente adaptada a la topografía del terreno.  Sus murallas, robustas y compactas, alcanzan grosores de entre dos y tres metros y carecen de aberturas hacia el exterior, lo que refuerza su carácter defensivo. El acceso principal está cuidadosamente diseñado: se encuentra protegido por lienzos de muralla más elevados y por una torre cilíndrica adosada, creando un espacio estrecho y fácilmente defendible.
Además, el sistema de entrada se organiza en doble plano, con un arco apuntado exterior y una puerta interior conectados mediante una bóveda que incorpora una abertura superior desde la que se podía atacar a posibles invasores.
Tras la entrada se disponían las estancias residenciales, hoy muy deterioradas pero aún legibles gracias a restos constructivos como los mechinales que indican la existencia de varios niveles. Estos elementos permiten reconstruir mentalmente un edificio de al menos tres plantas, con espacios habitables relativamente complejos para una fortaleza de su tipo. Entre los restos conservados destaca una chimenea cuya estructura aún se mantiene parcialmente en pie.
El uso de materiales y técnicas constructivas revela la intervención de maestros de tradición mudéjar. Elementos como los vanos enmarcados en ladrillo o los alfices decorativos apuntan a una estética compartida con otras fortalezas de la zona, evidenciando la pervivencia de influencias islámicas en la arquitectura cristiana de la época.
La Torre del Homenaje constituye el elemento más destacado del conjunto. De planta circular y gran altura, se integra en la muralla pero sobresale lo suficiente como para dominar visualmente el entorno. Su acceso elevado desde el adarve y su sistema interno de escaleras embutidas en el muro reflejan una concepción defensiva muy sofisticada. En su parte superior, una terraza volada sostenida por ménsulas completa el diseño. Además, su fábrica incorpora bandas horizontales de ladrillo que no solo cumplen una función estructural, sino que también permiten situar cronológicamente algunas fases de la construcción en momentos posteriores del siglo XV, coincidiendo con el dominio de la casa de Zúñiga.

PERSONAJES DE RELEVANCIA RELACIONADOS CON EL POI

La figura de Gutierre de Sotomayor se inscribe en el complejo entramado político y militar de la Castilla del siglo XV. Nacido en el seno de una familia vinculada a la Orden de Alcántara, fue hijo de Gil García de Raudona y de Catalina, hermana del influyente maestre Juan de Sotomayor. Su infancia transcurrió previsiblemente en Valencia de Alcántara, bajo la protección de su tío, cuya posición dentro de la orden resultó decisiva para orientar su trayectoria.

La temprana muerte de su madre marcó un punto de inflexión familiar que favoreció la integración plena de su entorno en la milicia alcantarina, en la que Gutierre inició un rápido ascenso: primero como clavero, más tarde como comendador mayor desde 1426, acumulando además la encomienda de Portezuelo. Su salto a la primera línea política se produjo en 1432, en plena crisis derivada de la rebelión de los llamados “infantes de Aragón”.

Su largo maestrazgo, que se prolongó durante más de dos décadas, estuvo marcado por una lealtad constante a la causa realista. Gutierre de Sotomayor se convirtió en uno de los apoyos fundamentales del poder monárquico frente a las tensiones nobiliarias que sacudían el reino. Participó activamente en episodios decisivos del enfrentamiento entre la corona y la alta nobleza, especialmente durante los años críticos de la década de 1440. Su actuación fue determinante en enclaves estratégicos como Toledo, Trujillo o Mérida, y tuvo un papel destacado en la campaña que culminó con la victoria realista en la batalla de Olmedo en 1445, que supuso el declive definitivo de los infantes de Aragón.
No obstante, su perfil no fue el de un brillante estratega militar. De hecho, sus primeras incursiones bélicas en la frontera andaluza se saldaron con importantes pérdidas humanas, lo que evidenció ciertas limitaciones en este ámbito. En contraste, su capacidad política y su habilidad para consolidar poder patrimonial resultaron mucho más eficaces. El favor regio se tradujo en la concesión de importantes señoríos —como Hinojosa, Gahete o Puebla de Alcocer— que Gutierre integró en mayorazgos destinados a asegurar el futuro de sus hijos, sentando las bases del posterior condado de Belalcázar.
Gutierre de Sotomayor falleció entre finales de 1453 y comienzos de 1454, dejando tras de sí una figura compleja, a medio camino entre el dirigente político eficaz, el gestor patrimonial ambicioso y el religioso heterodoxo. Fue enterrado en el Monasterio de Guadalupe, símbolo final de una vida profundamente ligada a las estructuras de poder de su tiempo.

PATRIMONIO MUEBLE

Muralla y Torre del Homenaje, que pueden ser recorridas por los visitantes.

PATRIMONIO INMATERIAL

La Orden de Alcántara hunde sus raíces en el siglo XII, en un contexto marcado por la expansión cristiana en la península. Según la tradición, surgió en 1156 durante el reinado de Fernando II de León, cuando un grupo de caballeros salmantinos encabezados por Suero Fernández se asentó junto a una pequeña iglesia en El Pereiro, adoptando el nombre de Orden de San Julián del Pereiro. Su carácter militar y religioso fue reconocido oficialmente en 1177 por el papa Alejandro III, y pocos años después, en 1183, quedó bajo la protección directa de la Santa Sede, lo que impulsó su crecimiento en prestigio, bienes y funciones dentro de la Reconquista.

A comienzos del siglo XIII, la orden se vinculó estrechamente con la de Calatrava, de la que recibió importantes posesiones, entre ellas la villa de Alcántara, que acabaría dando nombre definitivo a la institución. Desde entonces, su protagonismo militar fue notable: participó en campañas decisivas tanto contra los portugueses como frente a los almohades, y colaboró en la conquista de numerosos enclaves estratégicos en Extremadura y otras zonas. Con el tiempo, sus dominios se extendieron ampliamente, especialmente por el oeste de la actual provincia de Cáceres y diversas comarcas de Badajoz, además de contar con propiedades dispersas en otros territorios peninsulares.
Más allá de su papel bélico, la orden se definió siempre por su vocación religiosa, basada en la regla de San Benito y en los votos de pobreza, obediencia y castidad, aunque estos se flexibilizaron en el siglo XVI al permitirse el matrimonio de sus miembros. Con el paso de los siglos, y una vez desaparecida su función militar activa, la Orden de Alcántara ha orientado su actividad hacia la defensa del catolicismo, la participación en la vida religiosa y la preservación de su legado histórico. En la actualidad, combina su tradición espiritual con labores sociales y culturales, manteniendo vivas sus raíces como parte del patrimonio histórico de España.
 

Dirección (calle y número)
06630 Puebla de Alcocer, Badajoz
38.978333536969, -5.2560806833409

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