Dossier de Patrimonio
Yacimiento Arqueológico de Castrejón de Capote
Higuera la Real (Badajoz) · La ‘ciudad perdida’ de los celtas de la Beturia
Localización y marco paisajístico
El Castrejón de Capote, llamado también Castro Celta de Capote, se sitúa a unos 7 km al norte del casco urbano de Higuera la Real, sobre un cerro amesetado y alargado que se eleva en la confluencia de los ríos Sillo y Álamo, ambos tributarios del Ardila, en plena cuenca del Guadiana. Su altitud media ronda los 450 m s. n. m. y el sitio domina un amplio horizonte visual sobre la dehesa que vincula la Sierra Suroeste de Badajoz con la Sierra de Aracena, ya en Huelva.
El cerro está constituido por cuarcitas y pizarras paleozoicas que ofrecen una excelente defensa natural y una notable disponibilidad de piedra para la construcción. La superficie habitada se ha estimado en torno a tres hectáreas, configurando uno de los oppida de mayor tamaño documentados en el suroeste peninsular.
Marco cultural: la Beturia céltica
Capote se inscribe en el ámbito de la llamada Beturia, denominación tomada de las fuentes greco-latinas (Plinio el Viejo, Estrabón) que distinguían en este territorio del suroeste peninsular dos áreas: la Beturia Túrdula (más oriental, vinculada a los pueblos turdetanos) y la Beturia Céltica (occidental, con poblaciones celtas o celtizadas asentadas desde finales de la I Edad del Hierro). El yacimiento de Capote es hoy el principal referente arqueológico de la Beturia Céltica en Extremadura y el único castro céltico de la región excavado, musealizado y abierto al público de forma estable.
Las dataciones manejadas sitúan el inicio de la ocupación céltica hacia los siglos V-IV a. C., aunque los materiales más abundantes corresponden al apogeo del oppidum entre finales del siglo III y mediados del siglo II a. C. La conquista romana del territorio, en el marco de las guerras de Roma contra Lusitania (segunda mitad del s. II a. C.), supuso la destrucción del poblado.
Descubrimiento e historia de las excavaciones
El descubrimiento del yacimiento se produjo en 1984 a partir del hallazgo casual de una losa de cuarcita reutilizada como dintel en una antigua zahúrda decimonónica. La pieza, identificada como una estela de guerrero, presenta grabadas armas en su parte inferior y una inscripción en escritura paleohispánica meridional —la conocida como ‘tartésica’ o ‘del suroeste’—. El hallazgo fue comunicado por el profesor Aurelio Salguero Martín, natural de la villa.
A partir de aquella primera pista, el arqueólogo Luis Berrocal-Rangel dirigió las primeras campañas sistemáticas de excavación, integradas en lo que sería su tesis doctoral, defendida en 1991 y publicada como referencia capital de la arqueología céltica peninsular (‘Los pueblos célticos del suroeste de la Península Ibérica’, 1992; ‘Oppida y castros de la Beturia céltica’, 1994). Las intervenciones se prolongaron a lo largo de los años noventa y han continuado puntualmente en el siglo XXI, sacando a la luz un trazado urbano coherente y un excepcional contexto ritual.
Estructuras documentadas
El oppidum estaba protegido por una muralla perimetral de mampostería en seco, reforzada con torres macizas, una gran puerta principal en codo y un foso defensivo de unos tres metros de profundidad excavado en la roca. En el interior se ha exhumado una calle principal pavimentada con cantos rodados, que articula manzanas de viviendas rectangulares de dos estancias —típicamente con vestíbulo y habitación principal—, así como espacios productivos: hornos, fraguas, molinos rotatorios y áreas de almacenamiento con grandes vasijas cerámicas.
El elemento más singular es el santuario o edificio cultual, situado en posición preeminente sobre la calle principal. Se trata de una construcción rectangular elevada respecto al nivel de calle, con una mesa de piedra caliza interpretada como altar y un banco corrido en sus muros perimetrales. El interior conservaba un depósito votivo extraordinariamente rico, sellado tras una libación final y un banquete ritual —probablemente conectado con la destrucción del poblado—, lo que ha permitido reconstruir con gran precisión las prácticas religiosas célticas de la Beturia.
Hallazgos singulares
Entre los materiales recuperados destacan tres conjuntos:
1) La estela de guerrero. Pieza monumental que combina la iconografía guerrera del Bronce Final atlántico con la inscripción paleohispánica del Hierro Antiguo, lo que la convierte en uno de los testimonios más extraordinarios de continuidad cultural y de bilingüismo gráfico del suroeste peninsular.
2) La cerámica ritual. El conjunto incluye más de una treintena de vasos calados —entre los que destaca la célebre Copa Calada de Capote—, interpretados como pebeteros o incensarios usados en ceremonias religiosas y banquetes funerarios. La pieza emblemática del yacimiento, de cuerpo ovoide, pie alto, dos asas y decoración perforada en triángulos y rombos, se conserva en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz.
3) Depósito altoimperial romano. Junto a la puerta principal apareció un depósito ritual de época altoimperial con figuras de bulto redondo de las diosas Venus, Cibeles, Minerva y del dios Atis, más de una treintena de terracotas, lucernas decoradas, una hoja de laurel bañada en oro y monedas de los reinados de Augusto (27 a. C. – 14 d. C.) y Claudio (41-54 d. C.). El depósito había sido quemado y cubierto con piedras como parte del ritual, lo que sugiere prácticas de clausura ceremonial todavía en época romana.
Etapas de ocupación
Los arqueólogos distinguen dos grandes fases:
Fase prerromana (siglos V-II a. C.). Predomina la cultura céltica de la Beturia, con muralla, foso, santuario, viviendas rectangulares y un repertorio cerámico característico. La fase culmina hacia 150 a. C. con la destrucción violenta del oppidum en el marco de la conquista romana.
Fase romana republicana (ca. 150 – 80 a. C.). El poblado fue reconstruido por los nuevos habitantes, que mantuvieron buena parte de la trama urbana, reforzaron la muralla, levantaron nuevas torres, sustituyeron el foso por un antemuro y dejaron en desuso el santuario celta. Apareció en este momento una serie de vasos con la inscripción ‘Ablonios’, posible antropónimo o teónimo, junto con grandes vasijas de almacenamiento, ánforas itálicas y herramientas agrícolas. El abandono definitivo se produjo a principios del siglo I a. C., en el contexto de las Guerras Sertorianas (82-72 a. C.).
Entorno etnográfico y rutas
Alrededor del yacimiento se conservan vestigios de gran valor etnográfico: chozos de pastor, zahúrdas y cochineras, un molino harinero datado en el siglo XV construido sobre estructuras anteriores y varios tramos del entramado de caminos pecuarios que vertebran este sector de la Sierra Suroeste. Estas construcciones permiten leer cómo se utilizó el territorio en época moderna y contemporánea hasta prácticamente nuestros días.
A unos 400 metros del oppidum se localiza el Centro de Interpretación de Capote, equipado con sala de exposiciones, aula didáctica, tienda, zona de descanso y videovigilancia. Su consulta previa es muy recomendable para contextualizar la visita.
Visita y protección
El yacimiento está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Zona Arqueológica y forma parte de los itinerarios culturales gestionados conjuntamente por el Ayuntamiento de Higuera la Real, la Junta de Extremadura y la Diputación de Badajoz. La visita combina la lectura de las estructuras conservadas in situ con la consulta de la colección expuesta en Badajoz y de las reproducciones que se muestran en el centro de interpretación local.
Capote es, en definitiva, una ‘ciudad perdida’ de los celtas peninsulares, un libro abierto sobre la urbanización, la religión y el contacto cultural entre indígenas y romanos en la Beturia. Su singularidad y su excepcional estado de conservación lo convierten en una visita imprescindible para entender la Sierra Suroeste extremeña y la cultura céltica del occidente peninsular.
Fuentes y bibliografía consultada
- Berrocal-Rangel, L. (1992). Los pueblos célticos del suroeste de la Península Ibérica. Complutum Extra 2, Universidad Complutense de Madrid.
- Berrocal-Rangel, L. (1994). El altar prerromano de Capote: ensayo etno-arqueológico de un ritual céltico en el suroeste peninsular. Complutum Extra 4. Universidad Complutense de Madrid.
- Museo Arqueológico Provincial de Badajoz. ‘Castrejón de Capote (Higuera la Real)’. http://museoarqueologicobadajoz.juntaex.es/web/view/portal/index/standardPage.php?id=174
- Junta de Extremadura – Turismo de Extremadura. ‘Castrejón de Capote’. https://www.turismoextremadura.com/es/explora/Castrejon-de-Capote/
- Ayuntamiento de Higuera la Real. ‘Castro Celta de Capote’. https://higueralareal.es/plantilla.php?enlace=capote
- ArqueoTrip. ‘Castrejón de Capote, poblado céltico’. https://arqueotrip.com/capote-yacimiento-celta/
- Wikipedia. ‘Yacimiento arqueológico de Castrejón de Capote’. https://es.wikipedia.org/wiki/Yacimiento_arqueol%C3%B3gico_de_Castrej%C3%B3n_de_Capote
- Almagro-Gorbea, M. (1996). Ideología y poder en Tartessos y el mundo ibérico. Madrid.
- Oficina de Turismo de Higuera la Real (consulta directa y materiales divulgativos del Ayuntamiento).
- Aportaciones de cronistas e historiadores locales de Higuera la Real, recogidas a través de publicaciones, blogs especializados y conversaciones con informantes vecinales.