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Edificio religioso

DESCRIPCIÓN

El antiguo Convento Franciscano de la Purísima Concepción constituye uno de los conjuntos históricos y religiosos más importantes de la localidad y uno de los edificios conventuales de mayor relevancia patrimonial de la comarca de La Siberia extremeña.
Situado en una zona elevada del casco urbano, el conjunto conserva todavía una poderosa presencia monumental que permite comprender la importancia espiritual, económica y social que alcanzó durante siglos. A pesar de las transformaciones sufridas desde la desamortización y los distintos usos posteriores, el convento mantiene buena parte de su estructura arquitectónica principal, especialmente la iglesia, restos del claustro y diversas dependencias monásticas.
El edificio responde fundamentalmente a modelos arquitectónicos renacentistas desarrollados entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, aunque incorpora soluciones constructivas tradicionales extremeñas y reformas posteriores. El conjunto aparece estrechamente ligado a la historia de los Sotomayor y al desarrollo histórico de Herrera del Duque durante la Edad Moderna.

HISTORIA

La fundación del convento se sitúa en el año 1517 y aparece vinculada a Fray Alonso de Sotomayor, hijo de Gutierre III de Sotomayor y Teresa Enríquez. Diversas fuentes históricas señalan que Fray Alonso fue educado por su tío Fray Juan de la Puebla y desarrolló una importante actividad religiosa y fundacional. Inicialmente el convento no se encontraba en su emplazamiento actual. Los documentos históricos indican que fue fundado en la antigua ermita de Nuestra Señora de la Merced, situada aproximadamente a un cuarto de legua —algo más de un kilómetro— del lugar donde hoy se levanta el edificio.
Según la tradición local y diversas referencias históricas, aquella antigua ermita habría ocupado previamente el espacio de una sinagoga judía. Algunos autores y testimonios locales sostienen esta teoría, mientras que otros investigadores consideran que no existe documentación concluyente que permita afirmarlo con total certeza. Con el paso del tiempo, el deterioro del primer convento y el deseo de acercar la comunidad religiosa al núcleo urbano llevaron al traslado definitivo del conjunto. Las distintas fuentes coinciden en señalar el año 1603 como fecha de establecimiento en el actual emplazamiento.
Algunos estudios atribuyen directamente esta nueva fundación o reconstrucción a la familia Sotomayor, mientras que otros autores consideran que se trató de una ampliación y reorganización del convento ya existente desde comienzos del siglo XVI.
Durante los siglos XVII y XVIII el convento alcanzó una importante etapa de esplendor religioso y económico. La comunidad franciscana llegó a disponer de iglesia, claustro, enfermerías alta y baja, dependencias residenciales, huerta y diversos espacios auxiliares vinculados a la vida monástica. En 1753 el convento llegó a tener 56 sacerdotes, 12 coristas, 10 legos  y 6 donados., dato que refleja la importancia que alcanzó el complejo antes de la exclaustración. La supresión conventual llegó en 1835 con los procesos desamortizadores. Posteriormente el edificio perteneció a la familia Gallego Bañuelos durante parte del siglo XX.
Durante el siglo XIX el convento llegó a albergar hasta ochenta frailes, dato que refleja la importancia que alcanzó el complejo antes de la exclaustración. La supresión conventual llegó en 1835 con los procesos desamortizadores. Tras esta etapa, el inmueble pasó por distintos propietarios y usos. Algunas fuentes indican que las casas de Osuna y Béjar fueron propietarias del conjunto antes de pasar a manos de los condes de Villapadierna. Posteriormente el edificio perteneció a la familia Gallego Bavuelos durante parte del siglo XX.
Durante el siglo XIX los condes de Villapadierna habilitaron nuevamente una zona destinada al culto religioso. Todavía hoy permanecen visibles en el interior del templo los escudos relacionados con este linaje.
Con el paso de las décadas el antiguo convento sufrió un progresivo deterioro estructural, agravado por el abandono y la falta de mantenimiento. Finalmente, el Ayuntamiento de Herrera del Duque adquirió el edificio en el año 2009 con el objetivo de evitar su ruina definitiva y promover su recuperación patrimonial. A partir de entonces comenzaron distintas actuaciones de consolidación y restauración. En 2020 se desarrollaron importantes obras de conservación de cubiertas y, posteriormente, en 2022, la Junta de Extremadura licitó nuevas actuaciones de restauración y adecuación del conjunto con una inversión superior a los 650.000 euros.
Inicialmente se planteó la posibilidad de destinar el edificio rehabilitado a hospedería o alojamiento turístico vinculado al desarrollo rural y patrimonial de la comarca. Sin embargo, en diciembre de 2024 se anunció oficialmente la finalización de las obras destinadas a convertir el antiguo convento en Centro de Interpretación y Recepción de Turistas de la Reserva de la Biosfera de La Siberia, función con la que el histórico edificio inicia una nueva etapa vinculada a la divulgación patrimonial, turística y medioambiental de la comarca.

DESCRIPCIÓN HISTÓRICO-ARTÍSTICA

El conjunto conventual responde a una arquitectura de clara inspiración renacentista, organizada originalmente en torno a iglesia, claustro, dependencias monásticas y huerta. La iglesia constituye el elemento principal y mejor conservado del conjunto. Presenta planta de cruz latina y una sola nave dividida en tres tramos. El crucero aparece rematado mediante cúpula iluminada por cuatro ventanales, mientras que las pechinas conservan medallones actualmente deteriorados y desprovistos de sus antiguas pinturas.
Diversos autores, entre ellos José Ramón Mélida en 1924, definieron el edificio como una obra de “traza clásica”, apreciación que continúa siendo válida en gran parte de la configuración arquitectónica del templo.
La nave principal alcanza aproximadamente treinta metros de longitud por diez de anchura. A los pies de la iglesia se situaba un amplio coro elevado apoyado sobre bóveda de medio cañón e iluminado mediante un gran ventanal abierto sobre la fachada principal. En los laterales del templo se distribuían distintos altares barrocos instalados en nichos murales. Las fuentes históricas coinciden en señalar que el altar mayor y el retablo actualmente conservados no son los originales y presentan proporciones más reducidas respecto a la monumentalidad del edificio.
La sacristía, de planta rectangular y cubierta mediante bóveda de cañón, destaca por la calidad de su construcción y por el cuidado tratamiento de sus muros y cubiertas.
La portada principal constituye uno de los elementos más destacados del conjunto. Se organiza siguiendo esquemas clásicos mediante portada, frontón y ventana superior, acompañados por azulejos heráldicos.
Especialmente singular resulta la torre-espadaña construida íntegramente en ladrillo. De gran esbeltez y trazado muy original, presenta volutas decorativas y tres huecos destinados a campanas. Su perfil constituye uno de los elementos más reconocibles del convento.
Exteriormente destacan también los robustos contrafuertes que refuerzan los muros de la iglesia, así como las cornisas rematadas en pináculos y determinados elementos decorativos visibles todavía en el conjunto.
El claustro se situaba al sur del templo y estaba formado por arcos de medio punto, parcialmente conservados en la actualidad. En el centro existió una fuente desaparecida durante reformas realizadas en la década de 1960.
Las antiguas enfermerías alta y baja ocupaban las zonas más próximas a la huerta conventual. Esta huerta, de terreno fértil y abundante agua, desempeñó históricamente un papel esencial en el abastecimiento de la comunidad franciscana.
Los restos conservados permiten todavía apreciar la dimensión original del conjunto, considerado durante siglos uno de los principales complejos religiosos y conventuales de Herrera del Duque.

PERSONAJES DE RELEVANCIA RELACIONADOS CON EL POI

La figura más estrechamente vinculada a la fundación del convento es Fray Alonso de Sotomayor, miembro del poderoso linaje de los Sotomayor e impulsor de la fundación franciscana en 1517. El conjunto mantiene además una estrecha relación histórica con Gutierre III de Sotomayor y con el señorío de Belalcázar y Herrera del Duque.
Durante el siglo XIX el convento pasó a vincularse con los condes de Villapadierna, cuyos escudos aún permanecen visibles en el interior del templo. Entre los estudiosos que analizaron históricamente el edificio destaca también José Ramón Mélida, autor de importantes descripciones arquitectónicas del conjunto a comienzos del siglo XX.

PATRIMONIO MUEBLE

Aunque gran parte del patrimonio original desapareció o se dispersó tras la desamortización y el abandono posterior del convento, el conjunto conserva todavía algunos elementos de interés artístico e histórico. Destacan especialmente diversos retablos barrocos laterales, restos decorativos interiores, elementos arquitectónicos originales y escudos vinculados a los condes de Villapadierna.

PATRIMONIO INMATERIAL

El antiguo convento forma parte de la memoria histórica y emocional de Herrera del Duque y mantiene una profunda vinculación con la vida religiosa y social de la localidad.
Durante siglos constituyó un importante centro espiritual, educativo y asistencial vinculado a la comunidad franciscana y a numerosas manifestaciones de religiosidad popular.
La reciente restauración del conjunto y su nueva función como Centro de Interpretación y Recepción de Turistas de la Reserva de la Biosfera de La Siberia refuerzan además su papel como espacio de difusión patrimonial, cultural y turística de toda la comarca.
 

Dirección (calle y número)
Calle Convento, 37, 06670
39.167580661121, -5.0445807209302

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