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Zona arqueológica

IDENTIFICACIÓN Y LOCALIZACIÓN

El conjunto arqueológico del Dolmen de Valdecaballeros y el Castro del Cerro de la Barca se localiza en un entorno de gran valor paisajístico al sureste del municipio de Valdecaballeros, en la comarca de La Siberia extremeña. El enclave se sitúa en las proximidades de la confluencia de los ríos Guadiana y Guadalupejo, actualmente parcialmente rodeado por las aguas del embalse de García de Sola, lo que refuerza su carácter de “isla” o cerro aislado.
El espacio combina restos megalíticos prehistóricos y estructuras defensivas prerromanas, configurando uno de los conjuntos arqueológicos más relevantes del noreste de la provincia de Badajoz. 

HISTORIA

La ocupación humana del Cerro de la Barca se remonta al menos al IV–II milenio a.C., momento en el que se construyó el monumento funerario megalítico tipo tholos conocido como Dolmen de Valdecaballeros o tholos del Cerro de la Barca. Este gran sepulcro colectivo se inserta en el contexto del Calcolítico, cuando las comunidades agrícolas y ganaderas de la región levantan grandes tumbas de piedra para sus difuntos, vinculadas a complejas creencias sobre la muerte y el más allá.

Posteriormente, el enclave volvió a ser ocupado durante la Edad del Hierro, entre los siglos VIII y III a.C., desarrollándose un castro fortificado que aprovechó la estratégica posición del cerro como punto de control de paso entre la Meseta y la cuenca del Guadiana.  La continuidad de ocupación en distintas etapas históricas convierte este espacio en un importante testimonio de la evolución del poblamiento en la comarca de La Siberia.

La ocupación humana del Cerro de la Barca se remonta al menos al IV–II milenio a.C., momento en el que se construyó el monumento funerario megalítico tipo tholos conocido como Dolmen de Valdecaballeros o tholos del Cerro de la Barca.  Posteriormente, el enclave volvió a ser ocupado durante la Edad del Hierro, entre los siglos VIII y III a.C., desarrollándose un castro fortificado que aprovechó la estratégica posición del cerro como punto de control de paso entre la Meseta y la cuenca del Guadiana. La continuidad de ocupación en distintas etapas históricas convierte este espacio en un importante testimonio de la evolución del poblamiento en la comarca de La Siberia.

EL DOLMEN DE VALDECABALLEROS

El Dolmen de Valdecaballeros, también denominado tholos del Cerro de la Barca, constituye uno de los ejemplos más destacados de arquitectura funeraria prehistórica de Extremadura.
Se trata de un monumento megalítico construido durante el Calcolítico mediante grandes bloques de piedra dispuestos formando una cámara circular y un largo corredor orientado hacia el amanecer. Los estudios arqueológicos documentan la existencia de una falsa cúpula cubierta originalmente por un gran túmulo de tierra y piedras.

La cámara presenta características similares a otros grandes monumentos megalíticos extremeños, como los dólmenes de Lácara o del Tremedal. Conserva ortostatos decorados con grabados lineales, pequeñas cazoletas y restos de pigmentación difícilmente identificables.
El conjunto fue saqueado en un momento indeterminado de su historia, aunque todavía conserva parte de las piedras laterales del corredor y de la cámara principal. El portal trilítico se mantiene relativamente completo, mientras que la cubierta original desapareció con el paso del tiempo.
En el interior aparecieron restos humanos y fragmentos cerámicos asociados a rituales funerarios colectivos, lo que confirma su utilización como espacio ceremonial y sepulcral durante la Prehistoria reciente.

Cuando la luz del amanecer atraviesa el corredor y penetra en la cámara, el monumento adquiere una dimensión simbólica que ha llevado a interpretar el dolmen no solo como una tumba, sino también como un espacio vinculado a concepciones rituales relacionadas con el cielo, la muerte y los ciclos naturales.

EL CASTRO DEL CERRO DE LA BARCA

Junto al dolmen se localiza el denominado Castro del Cerro de la Barca, conocido popularmente como “La Isla”, un asentamiento fortificado de la Edad del Hierro emplazado sobre un cerro cónico entre los términos municipales de Valdecaballeros, Castilblanco y Herrera del Duque.  El castro aprovechaba las condiciones naturales del relieve para reforzar su defensa, dominando visualmente el territorio y los pasos naturales próximos al Guadiana. Aunque gran parte de sus estructuras permanecen parcialmente ocultas o alteradas por la acción del agua del embalse, todavía son visibles restos de murallas y elementos constructivos asociados al sistema defensivo. 

El yacimiento presenta indicios de estructuras habitacionales y materiales arqueológicos que permiten interpretarlo como una auténtica ciudadela fortificada de carácter estratégico y defensivo.
Hasta la fecha, buena parte del enclave continúa pendiente de excavación e investigación sistemática.

DESCRIPCIÓN HISTÓRICO-ARTÍSTICA

El conjunto arqueológico destaca por la convivencia en un mismo espacio de dos grandes manifestaciones patrimoniales de épocas muy diferentes: la arquitectura megalítica funeraria del Calcolítico y las fortificaciones prerromanas de la Edad del Hierro.

El dolmen representa uno de los mejores ejemplos regionales de tholos funerario, caracterizado por su cámara circular, corredor monumental y empleo de grandes ortostatos pétreos.
Por su parte, el castro responde a la tipología de asentamiento fortificado adaptado a las condiciones naturales del terreno, utilizando la elevación del cerro y el control visual del entorno como elementos defensivos fundamentales.

El emplazamiento ofrece además un extraordinario valor paisajístico, reforzado actualmente por la presencia de las aguas del embalse de García de Sola, que rodean parcialmente el cerro y potencian su singularidad visual dentro del paisaje de La Siberia.

PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO Y MUEBLE

En el enclave se han documentado materiales cerámicos, restos constructivos y elementos asociados tanto al uso funerario del dolmen como a la ocupación defensiva del castro. Los grabados y cazoletas presentes en algunos ortostatos constituyen uno de los aspectos más singulares del monumento megalítico, aunque su significado exacto continúa siendo objeto de estudio. Gran parte del potencial arqueológico del conjunto permanece todavía pendiente de investigación científica detallada.

PAISAJE Y ENTORNO NATURAL

El Cerro de la Barca se integra en un paisaje característico de la Reserva de la Biosfera de La Siberia, marcado por relieves suaves, dehesas, masas de agua y espacios forestales mediterráneos.
La posición dominante del cerro sobre la confluencia de los ríos Guadiana y Guadalupejo convierte el lugar en un excepcional mirador natural sobre el territorio circundante.
La combinación entre patrimonio arqueológico, relieve y agua configura uno de los enclaves históricos y paisajísticos más singulares de la comarca.

PATRIMONIO INMATERIAL

El Dolmen y el Castro del Cerro de la Barca forman parte del imaginario histórico de Valdecaballeros como testimonio de los orígenes más antiguos del poblamiento humano en la zona. 
La monumentalidad del dolmen, la posición estratégica del castro y el aislamiento paisajístico del cerro han contribuido a generar una percepción de lugar cargado de simbolismo y misterio, donde paisaje, memoria y arqueología permanecen estrechamente unidos.

PATRIMONIO MUEBLE

Aunque el yacimiento ha sido objeto de expolios tanto en la antigüedad como en épocas recientes, se han recuperado diversos elementos que permiten reconstruir parcialmente su uso. Entre ellos destacan cuentas de collar, puntas de flecha de sílex, fragmentos de cerámica decorada y placas grabadas, algunos de ellos elaborados con materiales no locales, lo que indica contactos con otros grupos humanos.

PATRIMONIO INMATERIAL

El Tholos del Cerro de la Barca representa uno de los hitos más antiguos de la ocupación humana en la comarca de La Siberia. Su presencia refuerza la conexión entre el territorio y sus raíces prehistóricas, convirtiéndose en un símbolo del pasado remoto de la zona.
La singularidad de su emplazamiento, emergiendo o desapareciendo según el nivel de las aguas del embalse, añade una dimensión casi mítica al lugar, que permanece ligado a la memoria colectiva como un espacio donde el tiempo, el paisaje y la historia convergen de manera única.

 

Dirección (calle y número)
Confluencia de los ríos Guadalupejo y Guadiana.
39.2147302, -5.1548554

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